Es-qui-zo-fre-nia-pró-te-sis

¿Los mismos sádicos que dividieron el trabajo en una línea de montaje fueron quienes aprendieron que en la guerra la carne de cañón debe ser protegida, para que cumpla su función de matar concienzudamente por la patria? Disolviendo la destreza en una serie de operaciones simples pero idiotas, para ser repetidas de manera mecánica y hambrienta, convierten al hacedor en operario, engranaje. Disolviendo la conciencia en la fiebre romántica de la identidad y el sentimiento, se convierte al sujeto en mártir. El incómodo pueblo, ese que se revuelve y degüella a la aristocracia y a quien se atraviese en el proceso, se reedita como masa, capaz de comportarse como organismo colectivo, suma de apetitos, pulsiones y carencias iguales.
El florecer de los medios de producción se institucionaliza sobre el círculo vicioso de un esclavo que se libera como proletario, comprador y agente del sistema. Un esclavo en outsourcing. La persona cae en la categoría de usuario y consumidor: Soy porque uso; soy aquel que desea, adquiere, posee y en el proceso, agota. Lentes miopes y reduccionistas del milagro de lo humano, jaulas para el alma de quien proyecta y para quien vive los proyectos.
El pensamiento industrial se cebó de tales ideas: serialización, estandarización, ergonomía y estilo son eufemismos de un sentido repugnante y cojo de lo humano, que con la necesaria y candorosa idea de lograr la democratización del acceso a bienes y producción, se permitió mediocrizar sistemáticamente oferta y demanda, producción y consumo.
Mediocridad del espíritu, en un diseño que niega al individuo, lo maquiniza, y lo condena a objetos blancos, puros y eternos, como paciente que se interviene a si mismo en un quirófano. Mediocridad del gusto, en otro diseño que se adormece en la gula de efectos fáciles, placeres aerodinámicos y satisfacción victoriosa.
Hemos heredado el doble filo romo del paradigma de occidente. En palabras de Morín:
Por una parte antropocéntrica, egocéntrica, cuado se trata del sujeto (porque está fundada en la auto adoración del sujeto: hombre, nación o etnia, individuo); por otra parte y correlativamente manipuladora, congeladamente “objetiva”, cuando se trata del objeto.
Hemos sido criados en medio de la guerra fría de Apolo y Dionisio en su versión para dummies.

David de los Reyes. Bogotá, Colombia. Diseñador Industrial en acto rabioso de apostasía del apellido. Se embadurnó de mercadeo, se negó a aprender modelado 3d, le asquean los tornillos, y considera que la ergonomía es el refugio de los mediocres, (a pesar de sus méritos como disciplina no proyectual). Estudia una maestría en gestión del desarrollo como coartada para indagar que diablos hace el diseño en un país que elije su historia soñando y la lleva a la práctica a tiros. Se interesa por la innovación desfetichizadamente, la estética descosmetizadamente, el desarrollo sin tener que pensar en subdesarrollo, la investigación cualitativa del comportamiento de las personas mediado por la cultura material, los procesos de creación y los cortocircuitos. Picapleitos intelectual, cobarde en los supermercados, las colas y la danza, kamikaze con sus pares. Maleduca a quien se deje, y malcría una generación que no tiene remedio, por fortuna.
Carlos dijo
Es un placer leer una honesta reivindicación del concepto de sujeto (con todas las consecuencias que tal actitud implica) completamente eliminado y en el mejor de los casos marginalizado por el pensamiento cartesiano y la ciencia positiva durante los últimos tres siglos no sólo de la producción, comercio y consumo sino de todas las actividades y escenarios humanos. Por fortuna el hombre no existe unicamente como concepto sino como ser vivo, individuo y ser social autónomo capaz de despreciar tal tratamiento y de autoreconocerse frente a sus propios autoeliminadores.
En el diseño los ferreteros de todos los pelambres tendrán que cambiar su actitud ante las fuerza del autocuestionamiento por las propias ciencias.
19 Diciembre 2005 | 04:24 PM